De un tiempo a esta parte se van haciendo más sonoros los gritos de algunos que proclaman que el mundo se acaba, que el futuro es desalentador, que la esperanza se agotó, que los jóvenes hemos tirado todo por la ventana y ya no nos importa nada ni nadie.
En realidad eso siempre se ha dicho, ha sido constante en todas las épocas el que la generación anterior pusiese el grito en el cielo acerca de los modos y los valores de los que tendrían que sucederles. Lo que es una novedad es la preocupación social que esto ha generado, se convierte en noticia un día sí y otro también.
La juventud siempre ha sido una gamberra. Siempre ha estado en el punto de mira por su despreocupación y sobre todo por sus “gamberradas”. Ha sido constante el acoso a los jóvenes de todas las épocas por lo inconsciente de su forma de ser. No obstante, parece que ahora ha habido un salto cualitativo, las supuestas “gamberradas” son mucho más graves. Y también un salto cuantitativo, raro es el día en el que no aparezca mencionado el tema en algún telediario o periódico.
La gravedad de los hechos viene dada por su carácter delictivo, de lo que se habla en los medios de comunicación es de actos criminales, no de reflexiones sobre el espíritu de la juventud. Además no hablamos de delincuentes al estilo del Vaquilla, no se es delincuente juvenil por vivir en ambientes sociales deprimidos o difíciles, al menos uno lo es sólo por eso. Cualquier sector social está amenazado con tener estos delincuentes en su seno, no es una cuestión de pobreza o de lucha social. Pueden ser unos vecinos de alguno de los barrios más pobres de las ciudades, unos hijos de obreros o vástagos de la clase media y alta. Se dan tanto en ambientes urbanos como rurales. Es una cuestión generalizada.
Otra consideración a tener en cuenta es que en principio los propios actores no consideran su actuación como delictiva, es una “travesura” más. Se están haciendo muy comunes las expresiones: “se me fue de la mano”, “nos pasamos un poco” y demás de la misma familia. Pero digo yo ¿prender fuego a una señora y que muera es pasarse? ¿Qué esperaban? ¿Qué sobreviviese? Además parecen gilipollas. Es preocupante que se considere que para divertirse hay que golpear, humillar o mancillar a alguien. En cierto modo se les puede disculpar, buscando y mucho alguna excusa peregrina. Pero a veces resulta mucho más inquietante que no sepan valorar las consecuencias de sus actos. Parece como si no hubiesen aprendido las más elementales leyes de causa y efecto. Porque todos conocemos la ecuación que dice que cemento, más velocidad, más hueso da igual a fractura. Sin embargo estos descerebrados no parece que tengan idea no. Puede que no viesen ese capítulo de Barrio Sésamo o que crean que los golpes que se da el Coyote sean emitidos en un documental de La 2. Puede ser.
En realidad no sé de qué me quejo hacerlo. Es que me gusta protestar, por el gusto de hacerlo, no por nada en especial. Si no es que no lo entiendo, porque si les educamos para que sean así, si les reforzamos para que se comporten de esa manera, ¿por qué nos asombramos luego cuando hacen lo que hacen? Ah, claro, que no queríamos, que nuestras intenciones eran buenas. Sí, y una mierda, con perdón, o sin él. En la actualidad tenemos una factoría gigante de psicópatas. Iba a decir en potencia, pero creo que ya están en activo.
Una vez aceptado que es la sociedad la que está generando estos monstruos nos dedicamos a buscar chivos expiatorios, cabezas de turco, algo, lo que sea que podamos poner en la picota, subir al cadalso o quemar en la hoguera. Así se aplacan las conciencias, hemos hecho todo lo posible pero no ha dado resultado, qué se le va hacer, es que los jóvenes de ahora son así, no tienen solución. Asunto tapado hasta que ocurra algo grave. Pero vamos tirando.
Digo yo que si sabemos que es la sociedad la que convierte a los jóvenes en sociópatas porque no se culpa a la sociedad, a sus valores, a las particulares dinámicas que ésta posee y que favorecen la aparición de esas conductas. Es más fácil culpar a la televisión, los videojuegos o entretenimientos por el estilo. De momento no las voy a culpar del todo, pero es evidente que la culpa no es suya.
Obviamente los medios de comunicación de masas generan modelos de comportamiento que son imitados. Queda dilucidad si representan modelos ya dados en un contexto o los crean a partir de la nada. En mi opinión son imitaciones de patrones de conducta ya establecidos, si bien no quiero descartar que sean convenientemente alterados por diversos intereses. Y ahí es donde yo veo el “quid” de la cuestión, en los oscuros intereses que diría algún paranoico.
Son esos intereses los que hay que erradicar. Intereses propios de nuestra sociedad. Propios porque se dan actualmente no porque sean condición exclusiva o idiosincrásica. Se está enseñando que la meta es el éxito y que el éxito es disfrutar y que hay que hacerlo aquí y ahora. Se enseña que uno es según lo que tiene y que puede tener lo que quiera, no tiene más que pedirlo, sin problemas. Se enseña que hay límites pero nadie los va explicar o no te los van a imponer, unos no lo harán porque eso es de carcas que te pueden traumatizar otros porque imponen las cosas de manera tan ajena a las personas que es fácil ignorarlos. Unos confunden moral con represión y otros con el largo de la falda.
Así nos quedamos con gente educada en el placer instantáneo, inmediato, sin consecuencias y sin regulaciones. Deseos que deben se satisfechos en el momento sin entrar en consideraciones acerca de si son apropiados o realizables. Y ay de la autoridad que intente ponerte trabas o incluso mediar. Creamos una sociedad capitalista y nos quejamos. Pero no entendamos capitalismo en términos decimonónicos, llevémoslo un poco más allá, eso han hecho, llevan tiempo hablando del capital humano. Si todo se compra y se vende, y además es fácil conseguirlo, porque hay que tenerlo para sentirse realizado, cómo no `comprar y vender´ gente. Se ha llegado al extremo de que se considera al otro como instrumento o, peor, como obstáculo.
Nos bombardean con miles de historias que nos dicen que no hay límites, que podemos conseguir lo que queramos sin esfuerzo. Obtener lo que deseamos sin problemas, de forma inmediata, sin consecuencias. Pasando por encima de quien sea, el objetivo es ese, ser más que el de al lado, tener más. Sin límites. Hemos arrojado los límites por la borda y nadie se atreve a imponerlos de nuevo.
Para tres o cuatro que lo hacen los imponen a través de un dios. Dando como resultado impulsivos, irreflexivos pero con fe. Sólo son peligrosos para los que no profesen la misma religión.
Aquí entra en juego la televisión. Transmite estos valores. Me gustaría pensar que por imitación de la realidad y no porque haya grupos a los que les venga bien el modelo de persona descrito hasta ahora. Se está educando mal a la gente. No es problema de los padres, no es problema de la escuela ni del gobierno ni de los medios. No es problema de nadie y mientras tanto unos cuantos ganando dinero con la situación, mientras los demás nos miramos unos a otros con recelo, esperando el navajazo. Todos felices.
Hay que buscar otro inocente. ¿Los videojuegos? Sí, que son muy violentos. Pero me pregunto ¿qué demonios hacen unos padres comprando esos videojuegos de los que se quejan a un niño de diez años? No, claro que no, cómo le van a negar algo al infeliz. Y luego nos quejamos de que prendan fuego a la gente por la calle. Casi nos lo merecemos.
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