18 mayo 2006

Sobre las cortes y otros milagros

Hace unas semanas fui de viaje a Ciudad Real, en tren, por supuesto, en las modernísimas lanzaderas de alta velocidad de las que tanto se quejan los vecinos de Ciudad Real, como si fuese una afrenta su honor el no disponer de un AVE directo a la capital. En Atocha nos indicaron el andén en el que esperaba el tren, que no era el mismo de siempre, pero no somos nadie para cuestionar las decisiones logísticas de la compañía. Lo primero que noté fue un incremento considerable en la presencia policial habitual, pero tampoco le di más importancia, luego subí al vagón y me acomodé en mi asiento, todavía quedaban unos quince minutos para que partiese. ¿Sabéis la sensación de ver a una persona y reconocerla pero no poder ubicarla? ¿Y cuando lo haces te das cuenta de que es porque la ves a menudo en televisión y parece como si siempre hubiese estado en el comedor de tu casa? Eso ocurrió, un nutrido grupito de periodistas, contertulios además en críticos programas sobre miradas a la actualidad.