Estamos en una situación en la que parece que nadie va a poder aportar una solución. Parece como si el problema fuese tan inmenso que nos debamos resignar a las propuestas que vienen de fuera, a imposiciones presentadas como inexorables. Tengamos un poco de espíritu crítico y veamos todos los elementos en conjunto, veamos todos los argumentos y razonemos las conclusiones.
Nos han vendido que estamos inmersos en una crisis, tal vez fuese así en un principio ahora es claramente una recesión, y vamos a ver por qué. En un momento determinado la confianza en los mercados y en los engranajes financieros se vino abajo lo que produjo una crisis crediticia a nivel mundial con lo que se retrajo el nivel de capital para financiar proyectos e incluso gobiernos. Algo parecido ocurrió en 1929 (El Gran Crack) y al final se superó. En esa ocasión España no se vio afectada por la poca presencia del país en los mercados financieros internacionales, esta vez la crisis llegó tarde pero llegó. Aunque los políticos pensaban que aquí no llegaría, ¿ceguera o incompetencia? Ya da igual.
La crisis comenzó como crisis financiera y sabíamos como salir de ella. Desconozco lo que saben los jerifaltes de la política y la economía pero parece que ninguno de ellos ha leído a Keynes. Las recetes estaban ahí, listas para ser aplicadas. Pero en lugar de eso decidimos actuar en plan tecnócrata y “escuchar” a los mercados, actitud loable en principio si no fuese porque nos dedicamos a escuchar a los técnicos incorrectos. Los analistas financieros propusieron planes para estabilizar mercados, todo muy racional. No obstante los últimos premios Nobel de economía se han otorgado también a psicólogos lo que demuestra la volubilidad de esas finanzas, en nada racionales, al menos no en términos matemáticos.
No sé si ha sido bueno dejar de lado la ideología y centrarnos en la tecnocracia. Entiendo que la política debe estar guiada por una ideología, aunque sea contraria o equivocada. A priori sólo las ideologías basadas en el odio son perniciosas, las demás deben tener el beneficio de la duda, ya sean de derechas o de izquierdas. La cuestión es que hemos dejado que el mundo empresarial se infiltre en la política. Podría parecer que gentes expertas en gestión serían los más aptos para dirigir un estado. Primer error. Una empresa se hace grande si reduce costes, los empleados no consumen sus productos pero en un país los empleados son los consumidores.
Segundo error, aceptar que las medidas propuestas son inevitables. Podríamos decidir que las medidas keynesianas para salir de la crisis (mayor inversión pública) aunque ya probadas eficaces no se ajustasen bien en estos momentos y nos dieron a probar otra medicina. Pero el enfermo parece ya moribundo con tanta sangría. Las medidas propuestas una y otra vez no parecen apaciguar el virus de los mercados, se han demostrado empíricamente ineficaces. Tal vez debiéramos probar otras cosas.
Nuestro tercer error ha sido dejar que ocurra todo esto. Dejarnos contaminar, aceptar como sacrificables a nuestros conciudadanos. Entrar en la manipulación del lenguaje de los tiburones empresariales. Ya no somos personas somos mano de obra, mercancía o peor recursos humanos, algo que se puede explotar por definición y si se puede hasta su agotamiento. Tenemos el deber de proponer alternativas, somos personas libres y debemos aceptar como idea central que cualquier poder se tiene justificar constantemente, ya sea este ejercido por entes privados o estatales. Tienen que dar argumentos para convencer, no sugestionar, y abrir los mecanismos para la confrontación de las ideas. Cualquier otra forma de ejercer poder será una dictadura camuflada de lo que venga bien en ese momento.
Mi interés es derribar el edificio, no reformarlo, ni apuntalarlo. Si lo reformamos o reparamos siempre volveremos a caer en los mismos problemas. Los cimientos están mal asentados. Yo voto por derribar el edificio y construir uno nuevo. Ejemplos no nos faltan. Se puede hacer de forma incruenta, sólo tenemos que reajustar nuestras prioridades. Nos han convencido de que más es mejor, confundiendo los términos cualitativos con los cuantitativos. Podemos ver experiencias varias que han surtido efecto en varios lugares. Por ejemplo la eco villa de los Llanos en Colombia, las Comunidades de buen Gobierno de Chiapas o la comunidad experimental de Los Horcones. Hay más y adaptadas a las realidades culturales de cada país o región. Cooperativas, mancomunidades, reuniones de ciudadanos… Es cuestión de adaptar la que más nos convenga.
Entiendo que puede ser un gran salto y que mucha gente no esté dispuesta a derribar el edificio. Sin embargo es lo que está ocurriendo. Todas las medidas tomadas hasta ahora han estado encaminadas a demoler la estructura que nos había costado sangre, sudor y lágrimas, de forma literal. No era el mejor sistema pero era el menos malo de los experimentados hasta hoy. Podemos apuntalar el sistema para que de momento no se desmorone o para darnos tiempo a buscar uno mejor de forma no traumática.
Ahora me restrinjo solo a España pero es aplicable a toda Europa. Nos están diciendo que el dinero se ha esfumado y que debemos gastar menos. No sé hasta que punto el dinero puede desaparecer. En mi opinión (que no es la de un experto) el dinero solo cambia de manos. Mi niego a creer el hecho de que las ventas de coches de gama media y baja se hayan desplomado a los niveles de 1996 y las ventas de los de alta gama y de lujo hayan aumentado un 25% sea meramente concomitante y no correlacional. Algo está pasando. Tal vez nos está estafando.
La justificación a la crisis se basa en el argumento central que dice que se está gastando más de lo que se ingresa, ergo hay que gastar menos. Hasta un niño sabe llegados a este punto lo que hay que hacer. Consigue más dinero. El estado español necesita unos 40 mil millones de euros para paliar el déficit. Los recortes han sido muchos y profundos, pero es curioso que siempre adelgace más la mano derecha que la mano izquierda.
Para empezar hagamos que la iglesia no reciba ni un euro del estado para el mantenimiento del culto, además que paguen el IBI como todo el mundo. Eso serían unos 4 mil millones de euros. Rescatemos de verdad los impuestos de patrimonio y de sucesiones, otro chorro de millones. Impongamos la tasa Tobin para las transacciones financieras, más millones. Paralicemos de verdad los gastos superfluos del estado, tales como la renovación de material militar y las infraestructuras sin uso posible, más milloncejos para el bolsillo. Y ahora equiparemos los impuestos a las rentas del capital con las rentas del trabajo, y esto sí nos va a dar cantidades ingentes de dinero. Y de una vez por todas hagamos los impuestos progresivos, no te enriqueces aislado en el desierto necesitas de la sociedad para ello, es lo que se dice sacar más de lo que se mete, la definición clásica de plusvalía, así que es justo revertir parte de ella en la sociedad. Porque los impuestos no financian redistribuyen. Seguro que juntando todos estos conceptos se consiguen los miles de millones que se necesitan o incluso se superan.
No nos creamos la cantinela oficial. Hay soluciones más allá de las propuestas. Sólo tenemos que decidir en que bando estamos, en el suyo o en el de la humanidad. Nos han ido desclasando con los años, tenemos que saber que la clase media no existe o es muy reducida, somos obreros (todos percibimos un salario por cuenta ajena) y debemos enorgullecernos de ello. La cuestión no es ser de los que más tienen si no hacer que todos tengamos lo suficiente. Los ricos saben que pocos, muy pocos, de los que están abajo podrán ascender salvo para regocijarse con las migajas que dejen. También saben que mientras un pobre desee ser rico será inofensivo porque jugará con sus reglas. El ahora conocido como Delegado Zero ha dejado escrito que estamos inmersos en la cuarta guerra mundial (la tercera fue la guerra fría), la guerra de los ricos contra los pobres y por ahora vamos perdiendo.
Debemos movernos, reivindicar nuestros derechos como personas, hacer que lleguen a todos. Tenemos que mantener nuestra dignidad y convencerles de que no pueden hacer lo que quieran con nosotros y que no deseamos ser como ellos. Para eso debemos despertar y dejar en la barra la cañita con la tapa y apagar el partido de fútbol.
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